jueves, 28 de junio de 2012

¡Sí, lo soy y a mucha honra!

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Siempre me han llamado mucho la atención aquellas palabras que con el paso del tiempo se han cargado de un significado negativo. Podríamos decir que los hablantes no hemos sido justos con ellas. Hoy os traigo tres, cuyo uso está muy generalizado.

Imaginemos a una chica, vestida con una camiseta, luciendo un generoso escote, pantalones vaqueros raídos y zapatos de altos tacones. La señorita masca chicle, a todas horas y su forma de hablar es muy violenta, alternando insultos, tacos y vocabulario “de mal gusto”. En el mismo lugar, encontramos dos señoras “muy bien puestas” que comentan “entre dientes”: “Mira esa poligonera”. Quizá la chica primera nació en el corazón de una gran capital, pero eso da igual. “Poligonera” (aún no recogida por el DRAE) es una palabra que saltó a la fama, gracias a cierto personaje televisivo. Desde ese momento, todo aquel que viva en las inmediaciones de un polígono industrial, ha tenido que cargar con este sambenito. Sólo un apunte: actualmente estoy residiendo circunstancialmente en un polígono industrial. El bloque de pisos tiene piscina, gimnasio y pista de pádel, y por aquí no he visto aún a ninguna chica como en el ejemplo anterior.

Otra palabra curiosa es “machaca”. Todos tenemos en mente a esa persona de nuestra oficina a la que le mandan los trabajos más penosos. Machaca debería significar trabajador constante y minucioso, pues deriva del verbo “machacar”. Pero parece que en la actualidad, con la triste situación laboral que tenemos, los jefes han decidido escoger la primera acepción que ofrece el diccionario de la RAE.

Finalmente, la palabra elegida para cerrar este artículo es “futbolero”. A pesar de que podríamos pensar que un futbolero es una persona aficionada al fútbol, nada más lejos de la realidad. Si te califican como tal, piensa que te están queriendo decir “persona poco interesante, pues se pasa todo el fin de semana sentado en el sofá, acordándose de la madre de los árbitros y viendo hasta los resúmenes de cada partido”. Recordad, nunca contestéis que sí a la pregunta “¿eres muy futbolero? en una primera cita; utilizad la socorrida expresión: “no lo sigo mucho”.

Así pues, ojalá pudiéramos describirnos diciendo: “soy un machaca, poligonero y futbolero. ¡Y a mucha honra!” Pero esto queda bajo vuestra responsabilidad.

lunes, 25 de junio de 2012

¡Pues vaya homenaje!



Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habéis asistido a algún homenaje: un familiar que se jubila, un deportista que cambia de equipo o, quizás, al vuestro propio. Justo antes de que llegue el momento cumbre, ese instante donde el homenajeado “soltará” su discurso, el jefe de la empresa, un compañero o un familiar sale al escenario y presenta brevemente al protagonista del día: “Queremos hoy felicitar…”, “un empleado ejemplar…”, “le vamos a echar tanto de menos…” y “hoy termina una larga singladura en esta empresa”. Es entonces cuando el homenajeado debería levantarse y huir para siempre de allí.

¿Qué significa “singladura”? Al parecer, para la persona que la utilizó en la situación anterior, sería un sinónimo de “carrera laboral”, “trayectoria profesional” o, si queremos ser artísticos, incluso de “aventura”. Pues nada más lejos de la realidad. El sustantivo “singladura” puede referirse a la distancia que una embarcación recorre desde las doce del mediodía, hasta la misma hora del día siguiente. También se utiliza para designar dicho intervalo de tiempo. Es posible utilizarlo metafóricamente: “Hoy no hemos tenido la mejor de las singladuras en el trabajo”. Hay que tener en cuenta que una singladura siempre dura veinticuatro horas. Para profundizar en su etimología, podéis consultar este documento.

Así pues, si en vuestro homenaje (ojalá sea dentro de muchos años, pues será señal de que no os quedan muchos) escucháis aquello de “una larga singladura”, ¡alzad la voz y defended vuestros treinta años de carrera profesional, de trayectoria laboral pero nunca de singladura, porque no habéis trabajado sólo veinticuatro horas, precisamente!

viernes, 22 de junio de 2012

El mojito no es una droga.


Hace un par de días tuiteaba (ya está aceptado por la R.A.E.) con @AdHoc22, un seguidor de Twitter, acerca del origen y el significado de la expresión “estar grogui”.

Creo que todos tenemos más o menos claro en qué circunstancias emplearla. Quizás el ámbito en el que más se pueda escuchar sea el deportivo, aunque se ha generalizado su uso en otros contextos. Pongámonos en situación: Combate de boxeo, últimos asaltos y uno de los luchadores golpea la mandíbula de su rival con un croché de derecha. El boxeador que ha recibido el impacto se tambalea y no acaba de caer a la lona. En ese momento el locutor de televisión se viene arriba y saca a pasear su ingenio: “el gran campeón está drogui”.

¿Drogui? Vamos, que está como drogado; como si se hubiera “cogido un cebollón”, para entendernos. La verdad es que usar este término tiene, a simple vista, más lógica que emplear “grogui”. ¿Qué ha ocurrido aquí? Se ha producido un caso de paretimología o etimología popular. Este fenómeno lingüístico consiste en la asociación equivocada de un término a otro, a causa de una semejanza de significado. Un ejemplo muy conocido es “vagamundo”: una persona que vaga por el mundo.

Pero, ¿qué significa “grogui”, entonces? "Grogui" es la adaptación española del término inglés “groggy”, que a la vez, procede de “grog”. El “grog” es una bebida, cuyo origen se remonta al siglo XVIII, la cual se elabora con ron, agua, azúcar y limón o lima. Vamos, el mojito casero actual, cuando nos falta la hierbabuena y el sirope de menta. Esta bebida se inventó para rebajar el consumo de ron entre los marineros ingleses, que no debían de combatir de manera muy lúcida contra los piratas. El caso es que esta ocurrencia no tuvo que ser muy efectiva, pues se acuñó la expresión “groggy” para designar el estado de los marineros que consumían “grog” en exceso.

En resumen, señores periodistas deportivos e hispanohablantes en general, empleemos “estar grogui” y no “estar drogui”, porque si no, podríamos pensar que los mojitos son una droga.

jueves, 21 de junio de 2012

Necesitamos una crisis




 


El próximo sábado 23 se celebra “El Día E”. Desde el 2009 el Instituto Cervantes nos anima a participar en esta fiesta, que pretende unir a todos los hispanohablantes para festejar la importancia del español en el mundo. Se organizan diferentes actos culturales en las diversas sedes del Cervantes y en Internet, pero hoy me gustaría destacar uno: “La palabra favorita de…”. Cada día, la página www.eldiae.es publica un vídeo de una persona famosa que nos confiesa cuál es su palabra favorita en español y sus motivos.

Yo no soy famoso y ninguno ha querido participar en este artículo, por lo tanto tendréis que conformaros con mi palabra favorita: "crisis".

Es una palabra que tiene fuerza. Durante los últimos años el mundo se ha unido en torno a ella para culparla de todas las desgracias que nos acaecen: “la culpa la tiene la crisis”, “no puedo permitírmelo con la crisis”, etc. Esto ha provocado que incluso necesitemos exorcizarla: “no me mientes esa palabra que me da mal fario”.
Pero no siempre ha tenido este significado tan negativo. En el ámbito de la medicina, la “crisis” es el momento en el que se sabrá si un paciente morirá o se recuperará. En su origen griego, “crisis” es algo que se rompe, se separa o cambia.

Precisamente por este último significado me gusta. La vida es cambio, evolución. Una vida que se para es una vida que se muere. Estoy seguro de que conseguiremos encontrar ese cambio radical que necesitamos para sobrevivir. Brindo por una crisis para que se acabe la crisis.

Podéis compartir vuestras palabras favoritas en español en los comentarios de este artículo.

miércoles, 20 de junio de 2012

ELE de Ángel

El español está en auge. Se ha convertido en la segunda lengua en la enseñanza en Europa y es, desde hace tiempo, la tercera más estudiada en el mundo. Fuera de nuestras fronteras requieren los servicios de profesores especialistas en ELE (Español como Lengua Extranjera) y la oferta formativa específica para este tipo de docentes ha subido como la espuma en España en los últimos años.

Y en medio de todas estas circunstancias estoy yo, ese Ángel del título, que está intentando dar un giro a su carrera profesional, para encaminarse a lo que siempre ha sido su sueño: dar clases de español a extranjeros.

Así pues, os doy la bienvenida a este humilde blog, donde pretendo compartir con vosotros  mis reflexiones acerca del español y todo lo que le rodea. Parafraseando a Calderón, me despido por ahora, pidiendo de mis faltas perdón, pues de pechos nobles es tan propio el perdonarlas.