Mostrando entradas con la etiqueta Etimología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Etimología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de julio de 2012

El alfa y la omega


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiKg0lvqeUuqGJk0ucl5aw15dSZ4fTwKjrRQiNqtzEr_NCnYsrN0aAldhS9zEinEL8tUZkp3kC1jL9iTG3HHiuaraijLomQQVS4HnnzpLrUVA1LZhD6xfRyIz8z_HtKwzs1WYFuIwcRn20/s1600/%23+alfa+y+omega.jpg

El estudio del pasado, nos hace entender el presente; el origen de las especies nos permite analizar la evolución de las mismas; para sicoanalizar a una persona adulta, nos retrotraemos a su infancia; la vida es una rueda, donde el principio y el final acaban uniéndose. Así pues, conociendo el principio de las cosas, podemos predecir su final. Y si aplicamos este principio a las lenguas y al aprendizaje de las mismas, nos topamos con ese maravilloso arte que es la “etimología”.

Noche helada. El viento ejecuta con maestría un concierto siniestro, para flauta, claro. Una legión de olivos aguardan en posición de firmes. La única luz que ayuda a Juanito y a sus amigos a viajar por el camino a Toledo se la ofrece como limosna la Luna. De repente, un ruido rivaliza con el viento. ¡Un grito! ¡Socorro, me matan! ¡Que llamen a la Santa Hermandad! Los jóvenes deciden buscar ayuda. Juanito, se queda junto a la víctima, la coge en sus brazos y soporta, durante horas, la agonía de la moribunda. A lo lejos Juanito observa cómo una pareja de hombres armados se acerca. Chaleco de piel, faldones cortos, camisa verde, con mangas verdes… No hay duda: la Santa Hermandad.


Campamento militar, Soria, veinte cero cinco. El sargento irrumpe en el barracón, impregnándolo con su hedor sobacuno. Dice un nombre. Nadie se mueve. Grita el nombre. Todos bajan la cabeza. Ruge el nombre. Todos cierran los ojos. Amenaza al grupo. Pepe da un paso adelante. La bronca es antológica. Cuando acaba, siglos después, Pepe avanza con paso mecanizado, sale al patio y se coloca junto a la porra, justo en el centro del campamento. Allí la observa, como si fuera la caja de Pandora, consciente del riesgo de dejar de hacerlo. Cinco horas después, Pepe vuelve a su letrina, digo, a su litera.


Pues sí, son los orígenes de estas dos expresiones. Y es que, para llegar a la omega, hay que empezar por el alfa.

lunes, 25 de junio de 2012

¡Pues vaya homenaje!



Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habéis asistido a algún homenaje: un familiar que se jubila, un deportista que cambia de equipo o, quizás, al vuestro propio. Justo antes de que llegue el momento cumbre, ese instante donde el homenajeado “soltará” su discurso, el jefe de la empresa, un compañero o un familiar sale al escenario y presenta brevemente al protagonista del día: “Queremos hoy felicitar…”, “un empleado ejemplar…”, “le vamos a echar tanto de menos…” y “hoy termina una larga singladura en esta empresa”. Es entonces cuando el homenajeado debería levantarse y huir para siempre de allí.

¿Qué significa “singladura”? Al parecer, para la persona que la utilizó en la situación anterior, sería un sinónimo de “carrera laboral”, “trayectoria profesional” o, si queremos ser artísticos, incluso de “aventura”. Pues nada más lejos de la realidad. El sustantivo “singladura” puede referirse a la distancia que una embarcación recorre desde las doce del mediodía, hasta la misma hora del día siguiente. También se utiliza para designar dicho intervalo de tiempo. Es posible utilizarlo metafóricamente: “Hoy no hemos tenido la mejor de las singladuras en el trabajo”. Hay que tener en cuenta que una singladura siempre dura veinticuatro horas. Para profundizar en su etimología, podéis consultar este documento.

Así pues, si en vuestro homenaje (ojalá sea dentro de muchos años, pues será señal de que no os quedan muchos) escucháis aquello de “una larga singladura”, ¡alzad la voz y defended vuestros treinta años de carrera profesional, de trayectoria laboral pero nunca de singladura, porque no habéis trabajado sólo veinticuatro horas, precisamente!

viernes, 22 de junio de 2012

El mojito no es una droga.


Hace un par de días tuiteaba (ya está aceptado por la R.A.E.) con @AdHoc22, un seguidor de Twitter, acerca del origen y el significado de la expresión “estar grogui”.

Creo que todos tenemos más o menos claro en qué circunstancias emplearla. Quizás el ámbito en el que más se pueda escuchar sea el deportivo, aunque se ha generalizado su uso en otros contextos. Pongámonos en situación: Combate de boxeo, últimos asaltos y uno de los luchadores golpea la mandíbula de su rival con un croché de derecha. El boxeador que ha recibido el impacto se tambalea y no acaba de caer a la lona. En ese momento el locutor de televisión se viene arriba y saca a pasear su ingenio: “el gran campeón está drogui”.

¿Drogui? Vamos, que está como drogado; como si se hubiera “cogido un cebollón”, para entendernos. La verdad es que usar este término tiene, a simple vista, más lógica que emplear “grogui”. ¿Qué ha ocurrido aquí? Se ha producido un caso de paretimología o etimología popular. Este fenómeno lingüístico consiste en la asociación equivocada de un término a otro, a causa de una semejanza de significado. Un ejemplo muy conocido es “vagamundo”: una persona que vaga por el mundo.

Pero, ¿qué significa “grogui”, entonces? "Grogui" es la adaptación española del término inglés “groggy”, que a la vez, procede de “grog”. El “grog” es una bebida, cuyo origen se remonta al siglo XVIII, la cual se elabora con ron, agua, azúcar y limón o lima. Vamos, el mojito casero actual, cuando nos falta la hierbabuena y el sirope de menta. Esta bebida se inventó para rebajar el consumo de ron entre los marineros ingleses, que no debían de combatir de manera muy lúcida contra los piratas. El caso es que esta ocurrencia no tuvo que ser muy efectiva, pues se acuñó la expresión “groggy” para designar el estado de los marineros que consumían “grog” en exceso.

En resumen, señores periodistas deportivos e hispanohablantes en general, empleemos “estar grogui” y no “estar drogui”, porque si no, podríamos pensar que los mojitos son una droga.

jueves, 21 de junio de 2012

Necesitamos una crisis




 


El próximo sábado 23 se celebra “El Día E”. Desde el 2009 el Instituto Cervantes nos anima a participar en esta fiesta, que pretende unir a todos los hispanohablantes para festejar la importancia del español en el mundo. Se organizan diferentes actos culturales en las diversas sedes del Cervantes y en Internet, pero hoy me gustaría destacar uno: “La palabra favorita de…”. Cada día, la página www.eldiae.es publica un vídeo de una persona famosa que nos confiesa cuál es su palabra favorita en español y sus motivos.

Yo no soy famoso y ninguno ha querido participar en este artículo, por lo tanto tendréis que conformaros con mi palabra favorita: "crisis".

Es una palabra que tiene fuerza. Durante los últimos años el mundo se ha unido en torno a ella para culparla de todas las desgracias que nos acaecen: “la culpa la tiene la crisis”, “no puedo permitírmelo con la crisis”, etc. Esto ha provocado que incluso necesitemos exorcizarla: “no me mientes esa palabra que me da mal fario”.
Pero no siempre ha tenido este significado tan negativo. En el ámbito de la medicina, la “crisis” es el momento en el que se sabrá si un paciente morirá o se recuperará. En su origen griego, “crisis” es algo que se rompe, se separa o cambia.

Precisamente por este último significado me gusta. La vida es cambio, evolución. Una vida que se para es una vida que se muere. Estoy seguro de que conseguiremos encontrar ese cambio radical que necesitamos para sobrevivir. Brindo por una crisis para que se acabe la crisis.

Podéis compartir vuestras palabras favoritas en español en los comentarios de este artículo.