Estoy
seguro de que la mayoría de vosotros habéis asistido a algún homenaje: un
familiar que se jubila, un deportista que cambia de equipo o, quizás, al vuestro
propio. Justo antes de que llegue el momento cumbre, ese instante donde el
homenajeado “soltará” su discurso, el jefe de la empresa, un compañero o un
familiar sale al escenario y presenta brevemente al protagonista del día: “Queremos
hoy felicitar…”, “un empleado ejemplar…”, “le vamos a echar tanto de menos…” y “hoy
termina una larga singladura en esta empresa”. Es entonces cuando el homenajeado
debería levantarse y huir para siempre de allí.
¿Qué
significa “singladura”? Al parecer, para la persona que la utilizó en la
situación anterior, sería un sinónimo de “carrera laboral”, “trayectoria
profesional” o, si queremos ser artísticos, incluso de “aventura”. Pues nada más
lejos de la realidad. El sustantivo “singladura” puede referirse a la distancia
que una embarcación recorre desde las doce del mediodía, hasta la misma hora
del día siguiente. También se utiliza para designar dicho intervalo de tiempo.
Es posible utilizarlo metafóricamente: “Hoy no hemos tenido la mejor de las
singladuras en el trabajo”. Hay que tener en cuenta que una singladura siempre
dura veinticuatro horas. Para profundizar en su etimología, podéis consultar este
documento.
Así pues,
si en vuestro homenaje (ojalá sea dentro de muchos años, pues será señal de que
no os quedan muchos) escucháis aquello de “una larga singladura”, ¡alzad la voz
y defended vuestros treinta años de carrera profesional, de trayectoria laboral
pero nunca de singladura, porque no habéis trabajado sólo veinticuatro horas,
precisamente!
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